Los Autónomos, las víctimas de una discriminación irracional e incomprensible

Es incomprensible el dispar tratamiento de autónomos y empleados, cuando ambas rentas son consecuencia del trabajo personal.

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Una vez más, está en el centro del debate el incremento (del 20 por ciento) de las deducciones del Impuesto a las Ganancias. Sin perjuicio de su cuantía, la que se exhibe a todas luces como insuficiente –agravada al no ajustarse las escalas del impuesto– se mantendría la inadmisible discriminación que la norma produce contra el trabajador autónomo.

Un trabajador dependiente soltero, cuyos ingresos netos no superasen los 6.938,40 mensuales, estaría fuera de imposición, pero si fuera autónomo, los montos se reducirían a 2.592.

Esta discriminación resulta incomprensible e infundada. Se impone equiparar el tratamiento de las rentas netas obtenidas del trabajo personal, independientemente de que éste se realice en relación de dependencia o en forma autónoma. Los ingresos recibidos son consecuencia del “esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza, en contraposición al capital”.

La contraprestación percibida como autónomo no difiere, en su sustancia, del salario o sueldo que reciben quienes trabajan en relación de dependencia. En ambos, esos ingresos revisten carácter alimentario.

Veamos lo irracional de este tratamiento con un ejemplo. Imaginemos una persona que trabaja personalmente en su taller, mercadito, carpintería o locutorio; ¿no despliega ese “esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza”? Supongamos que, luego de muchos años de servicio y de aportar al régimen previsional como autónomo, se jubila. A partir de ese momento, su jubilación se equipara frente a Ganancias a la del asalariado . ¿Tiene algún sentido lógico que durante los años en que esa persona estuvo en actividad fuera discriminada por la norma y que a partir de su retiro se le de igual tratamiento? Lo propio ocurre con el ejercicio de profesiones liberales y oficios.

No existe razón alguna que justifique mantener la actual discriminación contra una gran masa de trabajadores independientes que, en muchos casos, expulsados del mercado laboral, debieron reorientar su actividad al pequeño comercio, la pequeña industria o el ejercicio liberal de una profesión, y que aun cuando evidencien idéntica capacidad contributiva a la de los empleados, deben soportar una muy superior presión fiscal. Pero, además, son ajenos a las seguridades de las que goza el asalariado (ingresos regulares, vacaciones y licencias, seguros, capacitación y otras). Ya es momento de que esta problemática se integre en la agenda de nuestros gobernantes.

Fuentes: Flavia Melzi / La Voz Negocios

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